Tejer las voces

Fecha: 18 de enero 2020

Autoras: La Sandía Digital y WITNESS

Fuente: La Jornada del Campo Número 148

En México existen cientos de comunidades campesinas e indígenas, pueblos y barrios que desde la ciudad, la selva, el desierto o la montaña se organizan para resistir la entrada de proyectos de minería a cielo abierto, hidroeléctricas, gasoductos, autopistas, aeropuertos, fracking, privatización del agua, deforestación, transgénicos, etc. Exigiendo su derecho a participar para decidir sobre sus proyectos de vida y pensando y proponiendo otro desarrollo que no abone más a la crisis ambiental que vivimos.

kdfjkldfjgkddfjlñdjglñExigiendo su derecho a participar para decidir sobre sus proyectos de vida y pensando y proponiendo otro desarrollo que no abone más a la crisis ambiental que vivimos.

Los megaproyectos generan despojo y son impulsados por el Estado en sus diferentes niveles y por empresas privadas nacionales y transnacionales, que muchas veces usan la violencia para imponerse. La violencia de actores estatales y privados no solo se ejerce a través de represión y de ataques directos hacia los movimientos sociales; dichos actores son respaldados, además, por campañas de desprestigio, difamación y criminalización concebidas para crear miedo y desinformación en la opinión pública. Estas estrategias, sumadas a la cooptación, siembran desconfianza, aíslan, dividen a las comunidades y desgastan las luchas.

A través de la comunicación, se expresan diversas visiones del mundo y del desarrollo. Hay entonces una batalla de narrativas y de sentidos que se libra en un plano simbólico. En esta arena, el capitalismo lleva años de ventaja en la forma en la que ha moldeado el lenguaje occidental para nombrar y depredar “los recursos naturales”, negando toda afectación ambiental, económica y social, y desacreditando todo cuestionamiento social. Los movimientos, a su vez, buscan expresar y expandir otras visiones de vida y de desarrollo, reivindicar sus derechos y libertades, y preservar la naturaleza y los bienes comunes.

Entendemos la comunicación como un derecho, como un bien común, el derecho a nombrarnos a nosotras mismas, a la autorrepresentación.. La comunicación como ejercicio y como apuesta por la autodeterminación. Creemos en el poder transformador de las historias: a través de las historias que construimos, damos sentido a nuestras vidas, al mundo en el que vivimos, a la relación con nuestro entorno. Contamos para explicarnos, para tejer la memoria de nuestra historia, para nombrarnos, para compartir nuestros sueños, para caminar juntxs hacia ese horizonte.

Frente a ello, existe la necesidad por parte de los actorxs de la resistencia de reforzar su capacidad de comunicación estratégica. Es justo en la arena de la comunicación donde encontramos una grieta, una fisura en el modelo imperante. Pero la capacidad estratégica en la comunicación va de la mano del fortalecimiento de lxs sujetxs políticxs y esto requiere de una mirada compleja y multidimensional que incluye:

– Apostar por diseñar las estrategias de manera participativa y siempre en articulación con las demás estrategias de movilización, de lo legal y de la investigación, etc.

– Repensar la comunicación de forma estratégica -rompiendo la comunicación de bomberos- para tener una mirada de largo alcance que nos permita, además, evaluar nuestro caminar.

– Fortalecer las alianzas para revertir la balanza en el mapa de poder, así́ como avanzar también en el terreno del imaginario simbólico.

– Sumar las voces de mujeres, jóvenes y niñxs. En las luchas sociales, un factor clave y no siempre reconocido es el aporte de las mujeres a la construcción de prácticas, narrativas y propuestas a los discursos neoliberales. Las mujeres no solo enfrentan al mismo sistema de injusticia que sus compañeros, sino que luchan por la transformación de las relaciones dentro de sus movimientos y comunidades.

Tenemos pendiente la tarea de historiar nuestras victorias, que han sido muchas. Narrarlas, compartirlas y vincularlas. Nos han contado desde la negación lo que somos, nos han borrado de sus relatos. Pero si el sistema cambia y busca nuevas estrategias cada vez, es porque no ha podido derrotarnos. Desde las comunidades se están creando alternativas locales y regionales que quizás puedan parecer minúsculas frente al brutal panorama, pero que sumadas están creando un fuerte tejido de horizontes de esperanza.

Es clave hoy apostar a construir desde el terreno de las narrativas, con historias desde la dignidad, vislumbrando las estrellas que existen dentro de este cielo, muchas veces muy nublado.

Pueden descargar el Diagnóstico “Tejer las voces, defender la vida”aquí.